DEMOCRACIA PERFECTIBLE:

REVOCACIÓN DE MANDATO Y MÁS

Etelberto Cruz Loeza.

PÉSIMAMENTE OBRASTE: CONTRA TU RAZA, CONTRA TU PAÍS. HAS ENTRADO A UNA CIUDAD QUE ESTÁ REGIDA POR N0RMAS DE JUSTICIA Y DONDE NO HAY OTRO SOBERANO QUE LA LEY. TESEO.

NO TENGAS POR VERDAD INAPELABLE LO QUE TÚ PIENSAS. NO ERES EL DUEÑO DE LA VERDAD TÚ. HEMÓN.

LA OBSTINACIÓN ES OTRO NOMBRE DE LA ESTUPIDEZ. TIRECIAS. LOS 3, PERSONAJES DE ANTÍGONA, DE SÓFOCLES.

                Sostengo lo siguiente:

1°            Vivimos y disfrutamos Democracia Representativa. Se muestra con la diversidad partidista y pluralidad ideológica.

2°            Esta democracia nuestra no es perfecta, y sí perfectible.

3°            Andrés Manuel López Obrador, titular indiscutible de nuestro poder Ejecutivo, pasará a la historia política mexicana por proponer cambios a nuestras instituciones democráticas  y prácticas políticas – para mejorarlas -, entre ellas, la inclusión en nuestra Constitución política los apoyos a adultos de la tercera edad como derechos sociales, sostener-defender el derecho de los mexicanos  de ejercer su derecho de participar en Consultas Públicas, con el formato establecido en el artículo 35° de la Constitución Política Mexicana – no como el desea, democracia directa&participativa, a mano alzada. Sí, pero no así -.

4°            Ahora, la Revocación de Mandato, que debería ampliarse con las otras formas democráticas: La Segunda Vuelta, el Referéndum y complementar con la prohibición/cancelación de las Alianzas=uniones=coaliciones entre partidos políticos,  están en espera.

                Andrés Manuel López Obrador propone la figura de Revocación de Mandato.

                ¿Qué es? Corregir el mandato, otorgado electoralmente, por el pueblo a su presidente, a su Ejecutivo – artículos constitucionales 80° al 93° – y en su caso, separarlo del cargo, quitárselo. Así de simple.

                Teórica y técnicamente: 1° En las democracias mandan las mayorías; 2°             Un voto hace la mayoría y la diferencia. 3° Todos los votos valen lo mismo, y cuentan igual.

En las democracias representativas, un presidente de la República accede al poder y es elegido y resulta electo en una competencia. Este proceso es competitivo realmente y así debe verse, como el otorgamiento de contrato por tiempo determinado, para cierta función-obra, en este caso señalado en la Constitución política del país. Hasta aquí, estos son los usos y la costumbre;

Ahora bien, si en ese momento,  julio de 2018, se configuró la mayoría para que el

candidato Andrés Manuel López Obrador, y por sus actos=hechos no ha cumplido lo prometido, y permitiéndolo la legislación electoral=constitucional, la mayoría puede configurarse en el 2022   y revocarle el contrato-nombramiento y separarlo del cargo.

Lo que no está tratado, discutido ni aceptado, es que, si no se cumple la realización de la obra, siendo un contrato, puede y debe rescindirse y darse por terminado. En otras palabras, si el pueblo se equivocó, el mismo pueblo debe tener la oportunidad de corregir su mala decisión, que es lo que no está legislado, discutido y ni pensado.

 Andrés Manuel López Obrador está que se le queman las habas urgiendo la incorporación de esa figura en nuestra legislación electoral-constitucional y sea práctica política. Hasta el momento están 4 que están por discutirse en comisiones y llevarse al pleno.

                Varios países más o menos democráticos la tienen en su legislación electoral, entre ellos, Estados Unidos y Ecuador – quien ya se la aplicó a Abdulá Bucarán, el Loco e incompetente -, Perú, Brasil – depuso a Dilma Rousseff -, Francia (En Inglaterra y Alemania operan otros mecanismos, pero en la práctica es lo mismo: corregir el error cometido y deponerlo del cargo).

                En el caso de nuestro país, es muy posible que se acepte; lo que se discutirá es el texto de la pregunta, que debe ser directo, unívoco y entendible por todos; como complemento, acordar los protocolos de tiempo, lugar, requisitos – si habrá impugnación – y responsabilidades de las instituciones. Todo se definirá en la siguiente legislatura Federal.

                Tal vez sintiéndose sumamente seguro Andrés Manuel López Obrador reta a la oposición, y a quienes no votaron por él, a separarlo del cargo; sería el primer presidente a someterse a esta prueba política de Democracia Representativa Constitucional, derecho ciudadano, regulado por su artículo 35°. Y en su caso, ser separado del cargo.

 Y no debe estar tan seguro: En 3 años de gobierno, sus 31 000,000 se han disminuido, mas allá del 60%; los recientes ejercicios democráticos – elecciones constitucionales intermedias del 1° de junio y el ejercicio del 1° de agosto, la Consulta Pública – mostraron la pérdida del 77%, en promedio, de ese piso electoral. Pese a las estadísticas diarias que se grafican, y difunden, su aceptación e imagen, se han desgastado en valores muy cercanos al riesgo porcentual ¡y él lo sabe muy bien!

                 Únicamente pueden ser dos opciones: que sea separado o que no lo sea y se mantenga en el cargo y termine su periodo sexenal por el que fue electo.

                ¿Por qué lo hace? No se sabe…Pura especulación.