EN DÍAS NO LABORABLES

SAMUEL MALDONADO B.

Sempiterna es la violencia que ocurre en todo el país, como fruto generado fundamentalmente por el largo periodo neoliberal que hemos vivido hasta hace unos meses, factor que mucho ha lastimado a nuestro país y que nos induce, o lleva prácticamente, a la conclusión de que la violencia que padecemos  en todo el territorio nacional tardará mucho tiempo en erradicarse, pues  las condiciones impuestas por el liberalismo económico que recién desgobernaba, acabó por desaparecer prácticamente todas las industrias nacionales,  que daban soporte económico al país, para entregarlas al gran capital.

Lo anterior nos lleva a considerar que la violencia actual permanecerá y pasará más tiempo para ser controlada por completo. Los asaltos, las desapariciones, los asesinatos a mansalva, las ejecuciones sumarias, y los desaparecidos múltiples (conocidos o no  publicitados), marcan el horror en el que vivimos  todos y tardará regresar a un estado tranquilo y pacífico.

Largos meses pasarán todavía para tranquilizar todo el territorio nacional, “regresarlo a los buenos tiempos”, será difícil lo que nos lleva a considerar que la conducta anárquica que se presenta desde pasados sexenios es debida a la irregular o mala dirección de presidentes de la República, llevados a Palacio Nacional por “el gran dedo del presidente saliente” .

 Con el magnicidio (asesinato brutal) de Luis Donaldo Colosio,  los desgobiernos corruptos, continuaron el saqueo e impulsaron una descomposición social en sus altas esferas,  asaltaba (más bien se robaba) la titularidad de la Presidencia de la República; así sucedió el asalto al poder en 1988, que fue ejecutado indudablemente, con la anuencia o la orden del presidente de la República en turno. Desde luego, por la obediencia de los dirigentes del PRI, del Partido robolucionario  partido Institucional, que obedecía las instrucciones (sin lugar a dudas) del presidente en turno de los Estados Unidos Mexicanos.

Seguramente que los jóvenes de hoy no saben o simplemente no recuerdan o ignoran que en el año de 1988, siendo Secretario de Gobernación el Lic. Manuel Bartlett,  directamente responsable del sistema de cómputo en las elecciones Federales, curiosamente  el sistema computacional se pasmó y ocurrió un verdadero milagro, entronizando a un muñeco como máxima autoridad política, historia  que los jóvenes de hoy seguramente desconocen que quien realmente ganó la elección presidencial lo fue el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

Tal vez la memoria de la gente vez no recuerde ese criminal acto electoral que benefició a nuestro paisano y esposo de una candidata registrada a la Presidencia de la República el año anterior, que participó en la contienda federal del año anterior ridículamente.

 Fue pues el Estado Mexicano, quien ordenó el colapso del sistema electoral  que dañó los intereses nacionales y desde luego, perjudicando no solo al Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, sino al país en lo general

Cito lo anterior, porque  un escritor (o ensayista) de nombre Rafael Sánchez Ferlosio, indica que un funcionario sólo puede cometer tres clases de delitos: el delito común, el delito paraprofesional y el delito profesional.

Seguramente, ninguno de los que hemos pasado por una actividad gubernamental  o simplemente en una empresa privada o pública, hemos cometido actos denominados como delitos comunes: un ejemplo sencillo de éstos delitos, es el de utilizar un vehículo de propiedad federal o estatal en días  no laborables.  Este  “delito” puede ser realmente común pero no se presenta o se actúa con intención insana y sólo se realiza por una mala costumbre o porque no importa mucho y sin intención de verse favorecidos.