SAMUEL MALDONADO     

                                                            MORELIA                                                             CAPITAL PELIGROSA.

Que lejos estamos de aquella Capital del Estado en los años ochenta, misma que era relativamente tranquila, limpia y hermosa y, que en ese entonces, estaba más identificada con la frase que expresara acertadamente Don José Maria Morelos y Pavón,  cuando afirmaba que Él había nacido en El Jardín de la Nueva España.

Hoy, lamentablemente, Morelia está muy lejos de satisfacer el dicho del  Generalisimo Morelos y puede uno afirmar que la ciudad Capital, debido a su crecimiento poblacional, se ha degradado. Campea en nuestra ciudad, como en el resto del Estado, el crimen organizado. Los asaltos a transeúntes, los robos de automóviles,  los asaltos a casas habitadas, a comercios diversos, son la pan de cada día, en todas partes  del territorio michoacano.

Los cambios para el mal comenzaron  a presentarse justo en el inicio del ejercicio gubernamental de Carlos Salinas de Gortari,  quien para justificar su arribo a fraudulento a la Presidencia de la República, disfrazado de soldado, espantó el panal y hoy estamos resistiendo los resultados de su conducta bélica y estúpida.

Cabe señalar que quienes contrabandeaban las drogas, mantenían su actividad prácticamente con el visto bueno de las propias autoridades federales en la materia correspondiente  y desde luego, sin molestar a nadie.

Quienes frecuentaban la sierra o visitaban la costa, disfrutaban de paisajes maravillosos, de playas con  finas arenas que parecían de oro y desde luego de la Selva y de  la Sierra.

 De cuando en cuando miembros del ejército subían a los montes terminaban con los plantíos de mariguana  quemaban hectáreas de sembradíos ilegales, y judiciales federales decomisaban las drogas,  mismas que se incineraban en Morelia, en los terrenos que el ejército tenía y,  con la presencia de las autoridades estatales, daban fé de la quema de diversas drogas. En  esos años, sin temor alguno se llegaba a la Costa y se subía a la Sierra;  se podía transitar por todo el territorio michoacano sin el temor de ver los plantíos de amapolas  o de observar las maniobras del ejército para cumplir con las órdenes recibidas de acabar con os plantíos de estupefacientes.

Pero los tiempos “han cambiado” y transitar por toda esa bellísima Costa Michoacana,  o lo hace uno temprano o bien, se aconseja transitarla acompañado por algún amigo habitante de la misma.

La misma receta se da para los que vivimos en esta Capital, que estamos expuestos a que entrando en algún centro comercial, con pistola en mano nos asalten, nos golpeen, o nos maguñen, o nos roban nuestras carteras. No es raro que de noche se metan con pistola en mano a nuestros domicilios y  nos roban y nos golpean. “Los robos a casa habitación, en los asaltos callejeros, incluso dentro de restaurantes o tiendas, nos ponen sus pistolas en la cabeza y no tenemos otra opción que obedecer y dejarnos robar.

Para los que tuvimos la suerte de habitar y vivir  en Morelia, en esos pasados años en los que considerábamos a la ciudad como El Jardín de la Nueva España; añoramos lo que fue  Morelia, ciudad hospitalaria que caminamos todavía  y que gozamos de su belleza,  observada desde las mesas de café en de los portales de cantera rosa, pero ya en ciertas horas no podemos ni transitar sus callejuelas ni  tomar un café en cualquier portal o casona vieja, símbolos éstos que se suman al de  ambular por callejones y rincones llenos de leyendas y de historia.

 Los asesinatos a comensales en restaurantes diversos son frecuentes, y no se diga en pequeños departamentos y casas habitacionales; se escapan los que viven en los llamados “cotos”, que están cercados y con vigilancia  con cámaras y con  policías. Los  robos a tiendas departamentales  más que frecuentes desaparecen rápidamente de noticieros,  de  las páginas de algunos diarios con el objetivo, supongo, para no asustar, a los peatones, a los  ancianos, liciados,…    a los morelianos.