SAMUEL MALDONADO

¡NO SON 19, ¡SON UN CHIN…¡

Recuerdo con mucha claridad que mi abuela materna utilizaba la mariguana como un remedio para sus dolencias principalmente de tipo reumático. En un frasco con alcohol metía la yerba para que las propiedades de la misma, se diluyeran en el alcohol. La mixtura  se dejaba “madurar por semanas y meses”, para luego con la mano o con un algodón, untarla y frotarla  en sus piernas o en sus brazos.

Como cosa curiosa que recuerdo de su platica, en relación con esta droga, me comentó que en una de las principales fiesta principal del pueblo, estando en la plaza municipal escuchando a la Banda de Música,  un soldado marihuano(decía mi abuela), se acercó para invitarla a bailar al son de lo que tocaba la música; desde luego que la invitación realizada por parte del soldado, es no le fue aceptada por mi abuela.

Cabe señalar que este cannabis no es originaria de América, sino del Asia Central,  pues en el interior de un antiguo cementerio, en lo que ahora es Rumania, en un  brasero ritual se encontraron semillas carbonizadas de la marihuana.

Como herencia o costumbre de mi abuela, mi madre siempre tenía en casa su frasco de alcohol con mariguana, costumbre que hasta la fecha mantenemos en casa.

Viene a mi memoria lo anterior, para indicar que en esos revolucionarios años del siglo pasado y hasta hace algunas décadas todavía, aún estando prohibida la plantación de la marihuana,  el uso y el consumo la misma  persiste en poblados rurales  y sigue utilizandose para calmar los dolores reumáticos y, desde luego que también para hacer negocio con esta yerba prohibida, prácticamente en toda la República Mexicana.

Desde luego que en las diversas culturas de nuestros pueblos originarios se utilizaron diversas drogas para que, quienes iban a ser sacrificados a los Dioses, no padecieran tanto dolor.

En tiempos de la Revolución Mexicana, el uso y consumo de la marihuana se generalizo sin saber hasta el momento, los perjuicios ocasionados. Precisamente mi abuela me  describía el uso de esta yerba, cuando el soldado marihuano, le pidió que bailara con él.

Recientemente tuve la oportunidad de conocer directamente de los perjuicios que diversas drogas causan, ya no tanto en los adultos, sino en niños  de 8 o 9  años (y hasta de menores de esa edad), mismos que  los observe drogarse con una grapa (sobre de papel que contiene tal vez un gramo o menos) de cocaína,   tal vez mezclado con alguna otra substancia.

En los adultos, poco después de haberla fumado, se incrementa el ritmo cardíaco y, cuando es frecuente, se corre el riesgo de que se presente un paro cardíaco. Desde luego que provoca otros males mayores.

En fin, lamentamos las muertes de los jóvenes asesinados recientemente en toda la República y esperamos que los esfuerzos de la actual administración del Estado Mexicano logre abatir la terrible realidad que nos ha tocado vivir.

Abrir el mercado de las drogas en el país, es decir, legalizarlas, pudiera ser la respuesta que reduciría de inmediato el número de robos, secuestros y asesinatos, mismos  que diaria-mente se cometen en todos los Estados que conforman el territorio nacional.